Los llamados "indignados" parecen suponer, según semejante ideología, que la democracia española posee "déficits" que hay que subsanar para llegar a una democracia más perfecta, y así progresivamente en la Historia.
Uno de los argumentos esgrimidos va contra la democracia representativa. "No nos representan" es un lema que se ha visto varias veces, y supone que hay una especie de "pérdida" del valor del voto individual por la "representatividad" basada en la Ley D'Hondt.
Este es un ejemplo de "déficit" democrático, y vamos a tomarlo para intentar ver por dónde falla el "fundamentalismo democrático" de los "indignados":
Según lo dicho se vendría a suponer que el pueblo en democracia es soberano y que traspasa parte de su soberanía a un representante que sería como un reflejo en sus acciones de las ideas del pueblo que le vota. Se supone que eso es la representatividad idealmente. Pero hay algo "oscuro" en ese "traspaso" de soberanía;
porque resulta que cuando el pueblo elige a un representante, y le cede esa parte de soberanía, en otra fase del proceso se ve que no hay fidelidad -ni a veces correspondencia alguna- entre los actos del votado y las intenciones del votante cuando le vota.
Lo que parece suceder es a la inversa -aún a pesar de que se mantiene esta idea ilusoria, como un velo que oculta el mecanismo real del proceso-; los distintos candidatos a elección presentan sus programas, unos programas que no están al alcance del pueblo porque incluyen cuestiones técnicas y muy precisas que un ciudadano de a pie desconoce por completo. Sin embargo, se supone que en base a esos programas es como se elige al representante -aunque luego las motivaciones a la hora de votar son muy subjetivas, y por lo general se mueven en un plano muy general y abstracto, cuando no directamente dentro de la frivolidad total-. Pero esa elección no ocurre para que el representante electo vaya a cumplir la "voluntad del pueblo", sino al contrario, se elige para que el representante elegido pueda cumplir su programa en virtud del cual ha sido elegido. Y esto sucede así porque la "voluntad del pueblo" -no la tomamos aquí de manera sustancialista, sino determinada dialécticamente por contradicciones internas y por concreciones "reales"-, es decir, el pueblo mismo, sería incapaz de elaborar dichos programas. Necesita a alguien que los elabore previamente y los ofrezca masticados para que el pueblo pueda digerirlos.
Por tanto no existe, en una democracia representativa, una correspondencia entre el voto individual, la voluntad del pueblo y lo que a posteriori el representante elegido hace, de tal manera que la "representatividad", al no suceder como habitualmente se interpreta no puede poseer ese "déficit" que se le atribuye, sino que en todo caso el problema de la no correspondencia es constitutivo, y previamente hay que contar con él, hemos de saber que una democracia representativa funciona así por "naturaleza".
Pero el movimiento DRY-Indignados-15M no propone una democracia representativa, sino una directa -es asambleario-, ya que sin duda en una democracia directa tales problemas no aparecen. La cuestión es que el tamaño del electorado en España -o en Francia, pongamos por caso- hace inviable logísticamente la toma de decisiones asambleariamente, como sí puede suceder en Islandia -ejemplo recurrente-. Además, presuponen que el pueblo es capaz de tomar decisiones sobre problemas técnicos y muy complejas. En este sentido nos retrotraemos a la crítica Platónica en el "Protágoras"
yo opino, al igual que todos los demás helenos, que los atenienses son sabios. Y observo, cuando nos reunimos en asamblea, que si la ciudad necesita realizar una construcción, llaman a los arquitectos para que aconsejen sobre la construcción a realizar. Si de construcciones navales se trata, llaman a los armadores. Y así en todo aquello que piensan es enseñable y aprendible. Y si alguien, a quien no se considera profesional, se pone a dar consejos, por hermoso, por rico y por noble que sea, no se le hace por ello más caso, sino que, por el contrario, se burlan de él y le abuchean, hasta que, o bien el tal consejero se larga él mismo, obligado por los gritos, o bien los guardianes, por orden de los presidentes le echan fuera o le apartan de la tribuna. Así es como acostumbran a actuar en los asuntos que consideran dependientes de las artes. Pero si hay que deliberar sobre la administración de la ciudad, se escucha por igual el consejo de todo aquél que toma la palabra, ya sea carpintero, herrero o zapatero, comerciante o patrón de barco, rico o pobre, noble o vulgar; y nadie le reprocha, como en el caso anterior, que se ponga a dar consejos sin conocimientos y sin haber tenido maestro.en tanto que nos parece completamente vigente.
Parecería entonces que el movimiento DRY mostraría una crítica al Estado, como contrapuesto a la "sociedad civil", porque el Estado quedaría reducido a la Administración, a sus instituciones y a sus representantes. Si los pasamos por alto -vendría a decirse- superaremos los déficits de la democracia. Pero en cambio, parece haber alguna contradicción en tanto que el movimiento DRY ha instado al voto en las dos convocatorias de elecciones que ha habido desde que apareció en escena, parece en este sentido querer entrar en el engranaje del Estado.
Por tanto planteamos aquí la siguiente tesis, a saber, que los Indignados considerarían que la política "verdadera" le correspondería ejercerla a la "sociedad civil", por oposición a la "sociedad política" vinculada al Estado. Y creemos que esta disyuntiva entre "sociedad" civil" y "sociedad política", al ser falsa, es la que produce la contradicción ya dicha.
Esta disyuntiva la planteamos como una sustancialización de una diferencia etimológica, en tanto que civil y político se diferencian en que civil proviene de civitas (latín) y político de polis (griego), pero que en realidad hacen referencia a lo mismo.
De esta manera la oposición que se haría entre lo civil y lo político respondería a una idea que supone al Estado como entidad enfrentada al pueblo, a la sociedad (civil). Tal idea, usada como se usa, entendemos que posee una clara raíz marxista, aunque Marx entendía que ese enfrentamiento era Histórico, y por tanto conviene examinar el asunto desde esa perspectiva, en tanto que la perspectiva filológica consideramos que no tiene sentido.
Así llegamos al origen del Estado según el marxismo. El marxismo parte de la idea de un "comunismo primitivo", una comunidad de bienes únicos que se corrompe, aparecen unas élites y crean el Estado como herramienta de sometimiento. Tal idea la mantuvo Marx pero sin poder fundamentarla científicamente hasta que leyó "Ancient Society" del antropólogo estadounidense Lewis Henry Morgan. Como quiera que Marx no tuvo tiempo de desarrollar su Antropología, a su fallecimiento fue Engels quien, basándose en las anotaciones del propio Marx sobre "Ancient Society" la elaboró en "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado".
La crítica a Morgan y a Marx puede hallarse en "El desarrollo de la Teoría Antropológica" de Marvin Harris.
En cuanto a nos, opinamos que el origen del Estado y de la Lucha de clases puede explicarse más bien dándole la "vuelta del revés" a Marx. Esta "vuelta del revés" antepone la aparición del estado a la propiedad privada y la lucha de clases, en el tiempo. Es decir, primero vendría una refundación de tribus que se apropian de un territorio, al repartir las riquezas allí contenidas aparece la propiedad privada, y en la necesaria desigualdad del reparto aparecería la lucha de clases. Desde este punto de vista el Estado no es una superestructura, ni una construcción ad hoc para someter al pueblo por parte de una clase dominante, porque de hecho las clases aparecen con el Estado, y a la vez aparece lo que sería la "sociedad civil" o "sociedad política" -que vendrían a ser lo mismo-, y que no estarían enfrentadas con el Estado, sino que supondrían una totalidad atributiva cuyas partes están en permanente conflicto entre sí por el desigual reparto de la riqueza que existe dentro de las fronteras del territorio apropiado primitivamente.
Según esta teoría por tanto, toda acción que esté al margen del Estado es política sólo si es para destruirlo (como el anarquismo), pero también será política si no pretende destruirlo, pero sí reformarlo, siempre y cuando lo haga según los mecanismos internos del Estado. Porque si hay una acción que pretende mantenerse al margen del Estado -sin querer destruirlo- se apartaría de la lucha de clases -que atraviesa el Estado, pero es interna a él-, pretendería obviar incluso el territorio -en virtud del cual uno es propietario de lo que cae dentro frente a los de afuera o incluso a otros también de dentro que pretenden quedarse con una parte para luego "independizarse", como los nacionalistas secesionistas-, es decir, no sería política, se mantendría en un nivel ético, alejado de cualquier praxis -revolucionaria o reformista- y por tanto sólo podría tener un valor a largo plazo como ideología que en un futuro quizás resultase operativa, mas no así en el presente, tal y como dejó escrito Gustavo Bueno:
Sin embargo, no encuentro razones para negar que algunas actuaciones características (y, por cierto, muy próximas a la violencia) promovidas por los «indignados» pueden tener algún resultado positivo sobre los futuros legisladores, y no ya tanto para «aquietar su conciencia», sino para evitar sistemáticos enfrentamientos en el futuro (si los «indignados» siguen actuando) de engorrosa resolución.
(...)
Bienvenido habría sido el analfabetismo político de los «indignados» si, gracias a él, se lograse modificar en un próximo futuro algunas de las normas legales propias de un Estado de derecho civilizado, las que conducen a los desahucios salvajes o las que conducen al reconocimiento del aborto como un derecho de la mujer. Muchas veces las normas éticas se enfrentan a las normas legales emanadas de un Estado de derecho, como la barbarie se enfrenta a la civilización.

